miércoles, 10 de septiembre de 2014

El silencio de Gaudí - Juan David Morgan

Publicado por Bejarana 76 en 14:00 4 comentarios


Hoy quiero hablaros sobre el penúltimo libro que me he leído, tengo pendientes por hacer un montón de reseñas pero las iré haciendo poco a poco, no tengo tiempo para mucho, pero éste como le tengo muy reciente prefiero hacerlo ahora, antes de que se me olvide como me ha pasado con otros libros.
Hace como cosa de un mes algo largo que me encontré en el Eroski una oferta muy buena de libros, siempre que entro lo primero que hago es darme una vuelta por la sección de libros y di con un estante que estaba lleno de libros a tres euros, me puse tan contenta y en ese momento tan solamente me compré éste del que os voy a hablar y otros dos más, la pena es que el otro día fui a por más y ya no quedaba ninguno, no me extraña con ese precio, han desaparecido rápidamente, espero que vuelvan a poner otra oferta igual.
El silencio de Gaudí es una novela histórica y de suspense, su autor es Juan David Morgan, no conocía a este escritor pero me gustaría leer algo más de él.
El libro es muy cortito, tan solamente tiene 283 páginas, está dividido en 16 capítulos más el epílogo.
Su encuadernación es de tapa blanda, en cuanto al precio, como os he comentado, a mí me costó 3 euros, pero he estado mirando por internet y en Amazon he visto que en formato de papel vale 5.65 euros y en versión Kindle vale 4.59 euros. El mío está publicado por la editorial Zeta bolsillo, pero también lo han publicado otras editoriales.

Juan David Morgan

Juan David Morgan nació en Panamá en el año 1942, jurista formado en las universidades de Panamá y Yale, es miembro de la Asociación Interamericana de Abogados y Secretario Internacional del Pen Club panameño.
Es el cofundador de la firma de abogados Morgan & Morgan, ejerció la docencia universitaria y hoy, en la actualidad preside el patronato del Museo del Canal Interoceánico y la Fundación de la Ciudad del Saber.
Entre sus obras, cabe destacar Cicatrices inútiles y Con ardientes fulgores de gloria, ambos están escritos con el pseudónimo de Jorge Thomas y, ya como Juan David Morgan, El caballero de oro y El silencio de Gaudí.

Argumento

Manuel Otaño es un sacerdote jesuita que viaja desde el Vaticano donde trabaja hasta Barcelona, todos los años regresaba a Barcelona para supervisar las obras de La Sagrada Familia, el proyecto más ambicioso de Antoni Gaudí.
Allí conocerá a Felipe Bossel, un chico enfermo que tiene un manuscrito de Gaudí y le hace partícipe de su existencia a Manuel, desde entonces el jesuita se verá envuelto en una intriga que girará en torno al manuscrito, este documento podría revelar toda la verdad sobre la Sagrada Familia. Un manuscrito del año 1884 que traerá de cabeza no solamente a Manuel, sino a muchas personas más.
Por otra parte, Manuel llega a Barcelona en plena disputa por las obras del AVE, quien Valera, un hombre ya mayor, amenaza con sabotear las obras de éstas mismas.
En este viaje, Manuel también conocerá a una guapa arquitecta de ojos verdes que se siente atraída por el jesuita Manuel Otaño y viceversa.

Personajes


Manuel Otaño: Manuel será nuestro protagonista de la historia, como he comentado en el argumento, es un sacerdote jesuita, vivía en el Vaticano y para él se había convertido en una costumbre viajar hasta Barcelona. Una vez allí, observaba el progreso de la construcción de El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia y después informaría a sus superiores de sus progresos.
A Manuel le compensaba con creces el tedio del trabajo rutinario e intrascendente que día a día realizaba dentro de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia.
Durante los últimos cinco años había aprendido a valorar el genio de Gaudí y en cada una de sus visitas encontraba tiempo para seguir conociendo a fondo otras obras del más famoso de los arquitectos españoles.
Manuel era el menor de cuatro hermanos, venía de una familia obrera de Vitoria y desde muy pequeño su pasión había sido el fútbol, así que sus padres aceptaron que su hijo nunca seguiría una carrera profesional que dependiera de los estudios y que la mejor oportunidad para él, era ganarse la vida honradamente en aquel deporte al que con tanta habilidad jugaba.
Pero, con 18 años y tras un accidente de coche donde muere su amigo, cambia la vida de Manuel radicalmente, el accidente le daña una pierna y ya no podría jugar más al fútbol. Tras el accidente empezó a tener una fe ciega en el Señor, se había salvado de la muerte y fue cuando decidió entrar en el seminario.
Tenía 46 años y era un hombre muy atractivo y más de una mujer se llevó una decepción al ver que este hombre había hecho el voto de castidad.

Carmen Balcázar: la arquitecta que por fin iba a estar fija y no se marcharía como lo habían hecho otros arquitectos, ella seguiría con las obras de la Sagrada Familia y si alguien podía terminar lo que Gaudí comenzó a construir hacía más de un siglo, sería ella, además de ser una chica muy guapa y joven, también era muy eficiente.
Esta chica tendría unos treinta y cinco años y aunque vestía sencilla, era una chica elegante.
Al ver a Manuel por primera vez, se le pasó por la cabeza y su mente jugó fugazmente con la idea de que hombres tan bien plantados no deberían tomar los hábitos, ella no dejaba de admitir que el cura no hablaba ni miraba como los que ella había tratado.
Con aquella cicatriz que Manuel tenía en la mejilla tenía un aire más mundano, una innata virilidad que la ropa oscura, más que ocultar, acentuaba.
Carmen era natural de Barcelona. Según pasaba el tiempo, ella se preguntaba por qué en presencia del sacerdote la invadía una desconocida sensación de bienestar.

Monseñor Sebastiano Montefiori: este hombre era el secretario privado y principal asesor del Papa Benedicto XVI, era su mano derecha y su hombre de confianza, llevaba años siendo su asistente personal y, a pesar de su relativa juventud, en todos sus actos demostraba, además de una inteligencia inusual, madurez de criterio y lealtad absoluta para con su fe y su superior.
Por ser italiano, mantenía en el gabinete personal el equilibrio indispensable para evitar celos innecesarios.

Felipe Bassel: era un hombre extraño, su cara no aparentaba más de cuarenta años, su cuerpo, jorobado y rígido, era el de un anciano. Era como si la cabeza, permanentemente inclinada y lareada hacía la derecha, emergiera directamente del tronco mientras arqueaba con mucho esfuerzo las espesas cejas para alzar la mirada.
Era el encargado de los archivos en la oficina del Patronato.
Era nieto de Francisco Bassel, una persona que cuya vida casi anónima giró siempre en torno a la obra de Gaudí.
Era su amanuense y también era su hombre de confianza, pasó los últimos años de su vida al lado de Gaudí.
La noche del 7 de junio de 1926, ocurrió un accidente que acabaría con la vida de Gaudí. Francisco fue al hospital de caridad y allí se encontraba el arquitecto, lo dejaron unos desconocidos que acudieron a socorrerlo cuando estaba en medio de los rieles del tranvía. Francisco nunca se creyó que Antoni hubiera tenido un accidente.
Antes de morir, Gaudí le habló de unos papeles sumamente importantes que guardaba con mucho secreto en uno de los archivadores de su despacho, le rogó que los sacara de allí y se asegurara de que permanecieran siempre en un lugar al que nadie tuviera acceso. Al morir Francisco, el manuscrito pasa a las manos del padre de Felipe y cuando muere su padre, pasa a sus manos.

José Valera: conocido también por Pepe Valera. Fue el subsecretario y miembro de la Comisión Ejecutiva del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.
Era un hombre que frecuentemente lamentaba la soledad en la que se encontraba desde que su mujer falleció.
Poco después de que ella se marchara, su único hijo, Alonso, había abandonado el hogar, cansado de las obsesiones enfermizas de su padre, desde entonces, la comunicación entre ellos era totalmente nula.
Valera era un fanático de Gaudí y de la Sagrada Familia, con lo que estaba luchando para que el AVE no pasara por debajo de la construcción de Gaudí y estaba dispuesto a luchar y a hacer lo que fuera necesario para que eso no ocurriera y el gobierno no se saliera con la suya.
A consecuencia de protestar en el ayuntamiento y otros lugares, llegó a ser detenido y pasar la noche en el calabozo.

Juan Grisson: este hombre gozaba de una intachable reputación, era un reconocido abogado y el socio fundador de uno de los estudios más prestigiosos de Barcelona.
Ejercía desde hacía más de diez años como tesorero del Patronato encargado de la construcción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.

Emeterio Echauri: el primo vasco de José Valera. No se veían desde la infancia. Era un antiguo terrorista, condenado a diez años de prisión por actividades terroristas en tiempos de Franco.
Tras la amnistía, cruzó la frontera; parece ser que sus compañeros querían apretarle las tuercas. La justicia francesa le echó el guante unas cuantas veces. Había cometido un par de atracos a mano armada, tráfico de armas, etc…
Después se fue a Gibraltar y allí volvió a caer por un altercado en el que murieron varias personas, y fue enviado a cumplir la condena en España. Había salido de la cárcel hacía como un año y medio y desde entonces su residencia estaba en Bilbao.

Azucena: era la secretaria del Patronato. Era una graciosa andaluza dicharachera, siempre estaba a la vanguardia de los entresijos, secretos e intrigas que hormiguean en el fondo de todas empresa humana.

Joseph Ratzinger: cómo todos sabemos, es Benedicto XVI, el antiguo Sumo Pontífice y sucesor del apóstol Pedro.
Durante veinte años y hasta su nombramiento como Papa, ejercía como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Cuando Manuel llegó al Vaticano y después de pasar por las manos del secretario y de los cardenales expertos en manuscritos, éste se le entregó para que él fuera el que diera la orden de si el manuscrito tenía que salir a la luz.
Estaba seguro de que ninguno de sus antecesores inmediatos, ni el  bondadoso Juan XXIII ni el incansable Juan Pablo II, se habían enfrentado a decisiones tan difíciles y trascendentales como la que, a poco más de un año de su elección, pondría a prueba la autoridad e infalibilidad del Sumo Pontífice de la Iglesia.
Benedicto no quería que el hallazgo del manuscrito de Gaudí se supiera pero no le quedaría más remedio que publicarlo si era auténtico. Tenía la duda de quién podía saber más de su existencia, hasta dónde el nieto de Francisco Bassel, había transmitido a otros la enorme significación y el alcance del hallazgo.
Solamente el hecho de que el manuscrito estuviera tan vinculado a Gaudí, cuya beatificación y posterior canonización estaban siendo formalmente consideradas por la Congregación para la causa de los Santos, dificultaba aún más su decisión, que a fin de cuentas podía determinar que por primera vez figurara un arquitecto en el santoral.

Josefa Bassel: esta mujer mayor era la tía de Felipe Bassel. Era viuda y tenía tan solamente un hijo, el cual la estaba dando muchos problemas.
Josefa se hizo cargo de su sobrino cuando éste empezó a enfermar. Estaba tan orgullosa de que su padre Francisco había estado al lado de Gaudí.

Opinión personal

Cuando entro en una librería o en algún sitio donde hay libros, siempre voy con la idea de ir a por el que tengo en ese momento en la cabeza pero, casi siempre pico con otro de regalo. Muchas veces me dejo cautivar por las portadas, ni si quiera leo la sinopsis y eso es lo que me pasó con este. El silencio de Gaudí no solamente me llamó la atención su portada, sino que también su título, me pareció muy sugerente y con reclamo, es de esos libros que parece que te están llamando a gritos, así que sin pensármelo dos veces me lo cogí, y he de decir que esta vez no me he equivocado como lo he hecho otras veces, mi corazonada ha sido buena.
Es un libro que me ha sorprendido mucho, nunca había leído a este autor, y para ser sincera, no le conocía ni de oídas, pero no descarto leer algo más suyo, pero para más adelante, ahora me apetece leer otros libros que tengo pendientes.
Toda la novela gira alrededor del manuscrito de Antoni Gaudí, un documento que causa mucha intriga, sobre todo por lo que éste contenía, las palabras del arquitecto, que por otra parte no eran muy creíbles por Manuel y los demás cardenales, todos pensaban que era falso el manuscrito y que lo habían hecho para que Gaudí fuera beatificado y estuviera en el santoral.
Pero para saber si era auténtico y como es normal tuvieron que hacer las pruebas que son necesarias.
La novela también toca bastante el tema del AVE, los personajes que eran fanáticos de Gaudí y de su maravillosa obra, es normal que no quisieran que el tren de alta velocidad pasara por debajo de ésta. El problema es que el AVE causaría muchos daños a las estructuras del templo, incluso quedaba muy claro que cualquier precaución que se tomara no garantizaría que no fuera aún mayor el grado de deterioro y desgaste que con el transcurso de los años podría ocasionar un tren que circulaba a altas velocidades.
La Sagrada Familia tiene que ser preciosa, e incluso el autor mediante su protagonista Manuel, nos hace ver, que cuando te internas en las entrañas del templo, te sientes empequeñecer ante la inmensidad de la obra. Pero no solamente eso, sino que se hace la pregunta de qué sintió Gaudí cuando pasó sus últimos doce años de vida terrenal encerrado en aquellas profundidades.
Gaudí trabajaba allí mismo, dentro de las entrañas de la Sagrada Familia, pero también comía y dormía en ella, y las pocas veces que salía era para ir a alguna celebración religiosa. El caso es que merecerse ser santo no lo sabían si se lo merecía, lo que no le podían era restar méritos a su extraordinaria fe católica.
Pero, esa imagen no era la única que se tenía de él, ni que nos han contado de su historia. Bajo esa apariencia que tenía de una extrema humildad, era un hombre orgulloso, casi arrogante, plenamente convencido de su gran superioridad.
Por lo visto se mantuvo célibe, aunque no faltaba quien afirmara lo contrario, pero quizá fue más que nada por falta de urbanidad.

A parte de toda la historia del manuscrito, de Gaudí y la Sagrada Familia, está la historia entre Carmen y Manuel, unos sentimientos que poco a poco fueron creciendo, pero por parte de los dos, algo que a Manuel le preocupaba, pero no tanto a Carmen, aunque respetaba su sacerdocio, pero a veces no lo compartía, el hecho de que un sacerdote se enamore no es nada nuevo, alguno he conocido, hay veces que los sentimientos no hay quien los controle.
En cuanto a los personajes, tengo que decir que están muy bien definidos y hace que empatices con ellos, con algunos más que con otros, como suele pasar.

Conclusión

Tengo que decir que es un libro que me ha gustado mucho, me ha transportado y me ha sabido transmitir. Me enganchó casi desde el principio hasta el final, y aunque el final me dejó algo fría, lo recomiendo totalmente. Por el final es por lo que le pongo cuatro estrellas de cinco.
 

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